"Los
grandes del juego y las casas de apuestas ‘online’
se disputan el control de los bares"
La propiedad de los juegos de azar en los establecimientos
de hostelería ha desencadenado toda una batalla
campal. Es la guerra de los hermanos Lao, los Franco,
la familia Martínez Sampedro, los Collazo Mato
y un sinfín de operadores de juego privados contra
las casas de apuestas extranjeras, tan habituales en
las páginas de los diarios deportivos. A saber:
Betandwin, Betfair, Expekt, Eurobet, Globet, Interapuestas,
Ladbrokers, Miapuesta.com y un largo etcétera.
Cada vez es menos habitual ver en las cafeterías
al señor del vermú, al trabajador de oficina
o al ama de casa echar veinte céntimos al juego
de las ‘cerezas’ y las ‘campanas’.
Las ‘máquinas tragaperras’ han dejado
de estar de moda. Los hábitos de ocio de los
españoles -con su ADSL y su plataforma de televisión
con decenas de canales- han experimentado un cambio
radical en la última década, dejando a
estas máquinas recreativas sin el atractivo de
antaño. Se produce así un vacío
en los bares que están intentando aprovechar
las casas de apuestas online para desbancar a los operadores
de juego tradicionales y hacerse con el control del
establecimiento.
Las sociedades de apuestas a través de Internet,
todas de capital extranjero y con sedes tan significativas
como Gibraltar, las Antillas holandesas o Barbuda, irrumpieron
hace un par de años en España y, desde
entonces, han operado al margen de la legalidad, es
decir, sin licencia. Una circunstancia que ha sido denunciada
por las compañías nacionales:
“Las casas de apuestas son totalmente ilegales
porque, si no están autorizadas, es que están
prohibidas. Ahí se ha producido una dejación
de funciones por parte de las administraciones públicas,
que, en contra de lo que dice la ley de represión
del contrabando, no han denunciado estos hechos y, además,
los toleran”, explica Miguel García Campo,
secretario general técnico de la Federación
Nacional de Operadores de Máquinas Recreativas
y de Azar (Femara).
Pero las Comunidades Autónomas, que son las
que tienen las competencias en materia de juego, no
sólo se muestran permisibles, sino que quieren
ir un paso más allá. Tal es así
que, actualmente, negocian con estas compañías
online para regularizar su situación y, en algunos
casos, como la Comunidad de Madrid, permitirles que
desarrollen su actividad en los bares.
Todo un torpedo en la línea de flotación
de los operadores de máquinas recreativas, que
eran los que tenían la práctica exclusividad
del juego privado en los establecimientos de hostelería.
“Las casas de apuestas online ya nos hacen daño,
pero, si permiten que entren en los bares, entonces
nos lo van a hacer mucho más”, explican
los afectados.
La estrategia de las administraciones autonómicas
tiene un leitmotiv puramente económico. Las ‘máquinas
b’, denominadas coloquialmente como máquinas
‘tragaperras’, han venido siendo la gallina
de los huecos de oro de las CCAA. Existe un parque de
240.000 terminales y las comunidades cobran, vía
impuestos, una media de 3.600 euros/año por cada
una de estas máquinas (cantidad que va de los
2.854,80 de Navarra, hasta los 3.832,86 de la Comunidad
Valenciana).
Es decir, todo un dinero. Ahora bien, si la recaudación
de estas máquinas se estanca o decrece, como
está sucediendo, las arcas autonómicas
harán lo propio. Una situación que las
CCAA, la mayoría lastradas por un gran endeudamiento,
no se pueden permitir.
¿Qué hacer entonces? Echarse en manos
de las casas de apuestas online, un negocio con grandes
perspectivas de crecimiento. Se estima que, de regularizarse
las casas de apuestas, las comunidades autónomas
pasarían a ingresar vía impuestos el 10%
del beneficio neto de estas compañías.
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